EE.UU. y Cuba intercambian acusaciones en la ONU antes de la votación
Representantes de EE.UU. y Cuba intercambiaron acusaciones en un evento de la ONU sobre derechos humanos. La tensión ocurre antes de la votación anual de la resolución contra el embargo, marcada para el 27 y 28 de octubre. El embargo dura más de 60 años y solo el Congreso de EE.UU. puede suspenderlo.

El embajador cubano ante la ONU, Ernesto Soberón Guzmán, y otros representantes gritaron al embajador de Estados Unidos ante la ONU, Mike Waltz, cuando él salía de un evento en el edificio de la ONU que fomentaba alegaciones de violaciones de los derechos humanos por parte del gobierno cubano. El incidente se produjo en medio de la creciente tensión entre las dos naciones, que se preparan para la votación anual de la resolución no vinculante sobre el embargo comercial impuesto por los Estados Unidos a Cuba.
La votación está prevista para los días 27 y 28 de octubre, informaron autoridades. La resolución, que condena el embargo, ha sido aprobada en la Asamblea General de la ONU por amplia mayoría cada año desde 1992. A pesar del apoyo internacional, la medida no tiene poder legal para levantar el embargo, que solo puede ser cerrado por el Congreso de EE.UU.
Confrontación verbal marca evento en la ONU
El enfrentamiento se produjo tras una reunión organizada por Estados Unidos con disidentes cubanos para discutir la situación de los derechos humanos en la isla. Al final del encuentro, Guzmán y otros diplomáticos cubanos abordaron a Waltz con gritos y protestas, en una inusual demostración de confrontación directa en el ambiente diplomático.
Guzmán calificó la postura estadounidense como la de un "delincuente internacional", acusando a Washington de imponer castigo colectivo al pueblo cubano. "Estados Unidos está actuando como un delincuente internacional, imponiendo castigo colectivo al pueblo de Cuba. Están infligiendo inmenso sufrimiento a toda la población de una nación pacífica", dijo el embajador en una reunión improvisada fuera del encuentro.
El discurso refleja el tono adoptado por La Habana, que atribuye al embargo la grave crisis económica que enfrenta el país. La fuente no detalló si hubo una respuesta formal de Estados Unidos a la protesta.
Seis décadas de embargo y creciente presión
Estados Unidos mantiene un embargo comercial contra Cuba desde hace más de 60 años, una política iniciada durante la Guerra Fría. Bajo el gobierno de Donald Trump, la presión sobre la isla se intensificó, con medidas adicionales y retórica más dura. El mes pasado, Trump afirmó en la ONU que Cuba era un Estado quebrado y que la libertad llegaría a la nación insular.
Además del embargo, el bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos ha agravado la escasez de combustibles en Cuba, afectando al transporte, la generación de energía y las actividades productivas. La red eléctrica cubana sufrió un colapso total el mes pasado, sumiendo al país en la oscuridad y dejando a millones sin energía eléctrica, un episodio que evidenció la fragilidad de la infraestructura local.
La crisis cubana es descrita como la peor recesión económica en décadas, caracterizada por escasez de bienes básicos, infraestructura en colapso e inflación galopante. El gobierno cubano insiste en que las sanciones estadounidenses son la principal causa de la situación, mientras que Estados Unidos apunta a la mala gestión y la falta de libertades políticas.
Votación simbólica, pero con peso político
La resolución que se votará el 27 y 28 de octubre tiene carácter no vinculante, es decir, no obliga a Estados Unidos a cambiar su política. Sin embargo, el resultado sirve como termómetro del aislamiento diplomático estadounidense respecto a Cuba. Históricamente, la comunidad internacional ha rechazado el embargo por abrumadora mayoría, con pocos países alineados con Estados Unidos.
A pesar del simbolismo, solo el Congreso de EE.UU. puede levantar el embargo de la era de la Guerra Fría. Hasta el momento, no hay indicios de que el Legislativo estadounidense pretenda revisar la legislación. El mantenimiento del bloqueo, por lo tanto, depende de decisiones internas de Estados Unidos, y no de la presión multilateral en la ONU.
Para Cuba, la votación es una oportunidad para reforzar la narrativa de que el país es víctima de una política injusta y unilateral. Para Estados Unidos, el evento sirve para destacar las violaciones de derechos humanos y la falta de democracia en la isla, en un embate de narrativas que se repite anualmente.
Contexto regional e impacto humanitario
La tensión entre Estados Unidos y Cuba se produce en un momento de inestabilidad en América Latina. La administración Trump recurrió a los militares en enero para destituir al presidente venezolano Nicolás Maduro, una acción que elevó el tono de las relaciones en la región. Cuba, aliada histórica de Venezuela, ve con preocupación la postura intervencionista estadounidense.
La crisis humanitaria en Cuba ha llevado a un éxodo migratorio significativo, con miles de cubanos abandonando la isla en busca de mejores condiciones de vida. La escasez de alimentos, medicinas y energía eléctrica afecta directamente a la población, que se enfrenta a largas colas y racionamiento.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa el desarrollo de los acontecimientos, con la expectativa de que la votación en la ONU refuerce el llamamiento al fin del embargo. Sin embargo, sin acción del Congreso estadounidense, la situación tiende a permanecer inalterada, prolongando el sufrimiento de la población cubana y el impasse diplomático entre los dos países.
El resultado de la votación y los próximos pasos de las relaciones bilaterales serán seguidos de cerca por analistas y gobiernos, en un escenario de incertidumbres y crecientes tensiones globales.
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www.terra.com.br























