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Clubes de servicio y el desarrollo social: cuando la ciudadanía organizada transforma realidades en PG

Los clubes de servicio y las organizaciones de la sociedad civil tienen participación importante en el desarrollo social de Ponta Grossa

Clubes de serviço e o desenvolvimento social: quando a cidadania organizada transforma realidades em PG
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Hay ciudades que crecen por el tamaño de su economía. Otras, por la fuerza de su infraestructura. Pero hay ciudades que se destacan por algo aún más valioso: la capacidad de movilizar a las personas en favor del bien común. Ponta Grossa es una de esas ciudades.

A lo largo de su trayectoria, marcada inicialmente por la ruta de los tropeiros y posteriormente impulsada por la industrialización, la logística y la innovación, el municipio ha construido también una sólida tradición de participación comunitaria. Esta historia no fue escrita solo por el poder público o por la iniciativa privada. También fue construida por ciudadanos que decidieron dedicar parte de su tiempo, conocimiento y recursos a mejorar la vida de otras personas.

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En este contexto, los clubes de servicio y las organizaciones de la sociedad civil desempeñan un papel fundamental. Entidades como Rotary, Lions, Masonería, organizaciones benéficas, organizaciones religiosas y diversas instituciones comunitarias representan una importante red de apoyo al desarrollo social, promoviendo acciones que amplían oportunidades, fortalecen vínculos comunitarios y ayudan a enfrentar desafíos que ningún sector puede resolver por sí solo.

El desarrollo de una ciudad verdaderamente humana depende de la capacidad de cooperación entre diferentes actores. Los gobiernos crean políticas públicas, las empresas generan empleos y riqueza, pero son las organizaciones de la sociedad civil las que a menudo establecen la conexión más cercana con las necesidades cotidianas de la población. Identifican demandas emergentes, movilizan voluntarios, promueven campañas solidarias y estimulan la participación ciudadana.

El voluntariado es uno de los mayores patrimonios sociales de cualquier comunidad. Datos recientes de la encuesta Voluntariado en Brasil 2026, realizada por Datafolha, apuntan que el 60% de los brasileños ya han participado en alguna actividad voluntaria a lo largo de la vida, mientras que cerca del 35% ejercen actualmente algún tipo de acción voluntaria. El estudio estima la existencia de aproximadamente 60 millones de voluntarios activos en el país, evidenciando el crecimiento consistente de la cultura de solidaridad en las últimas décadas.

Estas cifras demuestran que la transformación social no depende exclusivamente de grandes inversiones financieras. A menudo nace del compromiso de personas comunes que deciden actuar ante una necesidad identificada en su comunidad.

Rotary es un ejemplo de esta movilización ciudadana. Fundada en 1905, se ha convertido en una de las organizaciones de servicio más grandes del mundo, reuniendo a más de 1,2 millones de socios distribuidos en más de 45.000 clubes. Su actuación se basa en áreas consideradas estratégicas para el desarrollo humano, como educación, salud, promoción de la paz, saneamiento, protección ambiental, desarrollo económico local y fortalecimiento de comunidades.

Tal vez el ejemplo más conocido de su impacto global sea la participación decisiva en el programa de erradicación de la polio. Desde finales de la década de 1970, Rotary ha colaborado con gobiernos, organismos internacionales e instituciones de salud para combatir la enfermedad. El resultado es histórico: la polio sigue siendo endémica en solo dos países, después de décadas de movilización mundial.

Sin embargo, el verdadero poder de los clubes de servicio no está solo en los grandes logros globales. Se manifiesta, sobre todo, en las pequeñas transformaciones locales que ocurren diariamente. Una silla de ruedas entregada a quien lo necesita, un proyecto educativo que amplía perspectivas para niños y adolescentes, una campaña de recaudación para familias vulnerables o una acción ambiental que conciencia a las nuevas generaciones son ejemplos concretos de cómo el voluntariado genera un impacto real.

En Ponta Grossa, esta contribución tiene características propias. La ciudad siempre ha estado marcada por un fuerte espíritu asociativista. Diversas entidades sociales actúan de forma complementaria a las políticas públicas, apoyando proyectos en las áreas de educación, asistencia social, cultura, salud e inclusión. Muchas de ellas desarrollan asociaciones permanentes con escuelas, universidades, instituciones de acogida, hospitales y grupos comunitarios.

Además de los resultados directos obtenidos por sus proyectos, estas organizaciones producen un efecto a menudo invisible, pero profundamente transformador: fortalecen el capital social de la comunidad. El capital social es la confianza construida entre las personas, la disposición a cooperar y el sentimiento de pertenencia que conecta a los individuos en torno a objetivos comunes. Las comunidades con un alto capital social tienden a ser más resilientes, innovadoras y capaces de afrontar crisis.

Esta realidad se vuelve aún más relevante en un período de aceleradas transformaciones económicas y tecnológicas. Mientras Ponta Grossa consolida su posición como centro logístico, industrial e innovador, crece también la necesidad de garantizar que el desarrollo alcance a todas las capas de la población. El progreso económico sólo se convierte en desarrollo humano cuando genera inclusión, oportunidades y calidad de vida.

Es precisamente en este punto que los clubes de servicio ofrecen su mayor contribución. Actúan como puentes entre diferentes sectores de la sociedad, promoviendo el diálogo, la cooperación y el sentido de responsabilidad colectiva. Son espacios donde líderes empresariales, profesionales liberales, educadores, servidores públicos y ciudadanos encuentran una causa común: servir.

El futuro de las ciudades no se construirá solo con tecnologías avanzadas o grandes obras de infraestructura. Se construirá, sobre todo, por la capacidad de las personas de trabajar juntas en favor de objetivos compartidos. Una ciudad innovadora debe ser también una ciudad solidaria. Una ciudad económicamente fuerte debe ser igualmente humana, acogedora y comprometida con el desarrollo de todos.

Ponta Grossa tiene esta vocación. Su historia demuestra que el progreso más duradero nace cuando la fuerza del trabajo se encuentra con la fuerza de la ciudadanía. Y es en esta unión entre desarrollo y solidaridad que los clubes de servicio siguen cumpliendo su misión: transformar buenas intenciones en acciones concretas y ayudar a construir una sociedad más justa, participativa y humana para las actuales y futuras generaciones.

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Caroline Schoenberger
Autoría
Caroline Schoenberger
Caroline Schoenberger é advogada socioambiental, consultora ambiental e mestre em Meio Ambiente Urbano e Industrial. Atua como presidente do Rotary Club Alagados e como diretora de Meio Ambiente da Associação Comercial, Industrial e Empresarial de Ponta Grossa (ACIPG) e integra a Comissão de Meio Ambiente da OAB – Subseção de Ponta Grossa.
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