La contradicción que alimenta la polarización, por Gilmar Denck
Capitalismo, socialismo y comportamiento humano: entienda por qué valorizar resultados no depende de ideología y cuál debe ser el papel del Estado.

Uno de los grandes errores del debate socialista es atribuir al capitalismo la responsabilidad de que las personas valoren los resultados más que el esfuerzo.
¿Pero este comportamiento nació con el capitalismo?
Cuando alguien elige una idea socialista, es porque cree que producirá algún resultado que considera valioso. Puede ser más igualdad, seguridad, justicia o mejores condiciones de vida. Es decir, esta persona también está evaluando una idea por los resultados que espera obtener.
El mecanismo es el mismo. Lo que cambia son los resultados que cada uno valora.
Las personas no dejan de buscar resultados porque defienden otra ideología.
La segunda contradicción aparece cuando se atribuye al Estado la misión de corregir ese supuesto defecto humano.
¿Quién es el Estado? Es una estructura administrada por personas. Personas que también tienen intereses, ambiciones, convicciones, limitaciones e incentivos propios.
Si el problema está en el comportamiento humano, ¿por qué imaginar que transferir decisiones al Estado resolverá automáticamente la cuestión?
El Estado puede establecer reglas, corregir distorsiones y proteger derechos. Pero no es inmune a los problemas que quiere resolver.
Es precisamente ahí donde debemos salir de la disputa ideológica y volver a la realidad.
No basta con defender un sistema que prometa reconocer el esfuerzo. Necesitamos construir mecanismos que estimulen la competencia, valoren la contribución, reconozcan el mérito y amplíen la capacidad de generar resultados.
El reto no es eliminar la naturaleza humana por decreto. Es organizar las relaciones humanas para que los intereses individuales también puedan producir beneficios colectivos.























