Penhasco, por Renata Régis Florisbelo

La vista es magnífica. Una punta de tierra que avanza sobre el mar. Acantilado, alto, empinado y pintoresco en las entradas estrechas, un giro de casi ciento ochenta grados y allí estaba toda la ladera en bordes para avistarse. La vista seguía lejos, el océano adentro y las playas se extendían, las tierras y la civilización se enredaban. Al final de la porción más alta, los abismos en las cuestas empinadas en piedras y vegetación rasante en la aridez de la ladera.
Tal vez un canto de sirena o el silbato del viento o incluso un susurro de alguien a través del tiempo. Una negación de brillo del sol brillando en el escenario. Algunos se dejan seducir por la llamada al borde del acantilado. Los avisos de peligro insuficientes, ignorados por los oídos que atendían a los insanos llamados insistentes.
Y las sirenas en su canto melodioso hacen más víctimas. Un escalofrío en quien llega hasta el borde y no se deja conducir por los hipnotizantes murmuraciones. Una inquietud en quien siente de las caídas y de las muertes la desolación.
Autor: Renata Regis Florisbelo
https://www.youtube.com/watch?v=BdqMc1XogkU&feature=youtu.be
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