Ponta Grossa sustentável: Medio ambiente, innovación y planificación para las próximas generaciones por Carla Martins Kritski
Ponta Grossa viene ampliando políticas ambientales orientadas al planificación urbana, conservación de los recursos naturales y preparación de la ciudad para las próximas generaciones
El desarrollo de las ciudades impone desafíos cada vez más complejos a la gestión pública. El crecimiento de la población, la expansión urbana, la necesidad de infraestructura, la preservación de los recursos naturais y los impactos del cambio climático requieren una nueva forma de pensar la planificación municipal. Más que responder a los problemas del presente, se ha vuelto indispensable construir políticas públicas capaces de preparar a las ciudades para las próximas generaciones.
En Ponta Grossa, esta visión orienta la actuación de la Secretaría Municipal de Meio Ambiente (SMMA). En los últimos años, la política ambiental ha dejado de concentrarse exclusivamente en la concesión de licencias y la supervisión para asumir un papel estratégico en la planificación del desarrollo urbano sostenible. Esta transformación consolidó una gestión ambiental más integrada, técnica e innovadora, en la que la protección de los recursos naturais pasó a dialogar directamente con la movilidad urbana, el drenaje, la gestión de los residuos, la adaptación al cambio climático, la educación ambiental y la calidad de vida de la población.
Esta evolución también representa un cambio en la forma de entender el meio ambiente. Preservar ha dejado de significar sólo proteger áreas naturales. Significa planificar el crecimiento de la ciudad de manera inteligente, conciliando desarrollo económico, inclusión social y conservación ambiental. Significa comprender que cada intervención realizada hoy influye directamente en la ciudad que será entregada a las futuras generaciones.
Con este propósito, la Secretaría Municipal de Meio Ambiente fortaleció su estructura técnica, perfeccionó procedimientos administrativos, amplió la integración entre sus departamentos y consolidó instrumentos capaces de hacer la gestión ambiental más eficiente y preventiva. El fortalecimiento del licenciamiento ambiental, de la fiscalización, de la planificación territorial y de la gestión de proyectos pasó a ofrecer mayor seguridad jurídica, mayor capacidad técnica para toma de decisiones y mejores condiciones para acompañar el acelerado proceso de crecimiento urbano vivido por el Municipio.
Este cambio de paradigma hizo posible desarrollar políticas públicas estructurantes, fundamentadas en conocimiento técnico y planificación a largo plazo. Más que resolver demandas inmediatas, SMMA comenzó a actuar anticipando desafíos, organizando información estratégica y construyendo bases sólidas para orientar el desarrollo sostenible de Ponta Grossa en las próximas décadas.
Entre estas iniciativas se destaca la contratación de la Universidad Libre del Meio Ambiente (UNILIVRE), responsable de la elaboración de uno de los más importantes estudios ambientales ya realizados en el municipio. El proyecto contempla el análisis integrado de las tres principales cuencas hidrográficas urbanas de Ponta Grossa — Arroio Olarias, Arroio da Ronda y Arroio Pilón de Piedra — comprendiendo no sólo sus características ambientales, sino también la forma en que el crecimiento urbano influye en la dinámica de las aguas, del drenaje y de la ocupación del territorio.
Se trata de una planificación innovadora, diseñada para orientar el desarrollo de la ciudad por los próximos 100 años. A partir de levantamientos técnicos, modelados hidrológicos, diagnósticos ambientales y estudios territoriales, el proyecto identifica áreas susceptibles a inundaciones, puntos críticos de drenaje, procesos erosivos, aserrado, ocupaciones en fondos de valle y oportunidades para recuperación ambiental.
Más que producir diagnósticos, el estudio propone soluciones estructurantes capaces de integrar ingeniería, infraestructura urbana y conservación ambiental. Esta visión sistémica permite que futuras intervenciones sean planificadas considerando el comportamiento de las cuencas hidrográficas en su conjunto, reduciendo riesgos, aumentando la eficiencia de las obras públicas y preparando al Municipio para enfrentar los impactos derivados del cambio climático.
Al adoptar un horizonte de planificación de un siglo, Ponta Grossa demuestra que la sostenibilidad no se limita a las necesidades del presente. El Municipio pasa a construir políticas públicas dirigidas a las futuras generaciones, utilizando la ciencia como instrumento de gestión y comprendiendo que ríos, arroyos y fondos de valle son elementos estructurantes del desarrollo urbano.
Dentro de esta visión integrada se inserta el Complejo Ambiental del Lago de Olarias, uno de los mayores símbolos de la transformación ambiental vivida por Ponta Grossa. Más allá de un espacio destinado al ocio y a la contemplación, el lago desempeña funciones fundamentales para el sistema de drenaje urbano, para el control de inundaciones, para la mejora de la calidad ambiental y para la valorización de los espacios públicos.
A lo largo de los años, sin embargo, el proceso natural de sedimentación ha sido intensificado por el crecimiento urbano de la cuenca hidrográfica, reduciendo gradualmente su capacidad hidráulica y comprometiendo su eficiencia como estructura de amortiguación de las aguas pluviales. La acumulación de sedimentos también interfirió en la calidad ambiental del complejo, exigiendo una intervención estructurante capaz de restablecer su funcionalidad.
Fue en este contexto que el Municipio promovió el desasosiego del Lago de Olarias, una de las más importantes obras de recuperación ambiental de su historia reciente. Mucho más que eliminar sedimentos acumulados, la intervención representó la recuperación de la capacidad de funcionamiento de un sistema esencial para el drenaje urbano y para la protección de la población contra eventos extremos de precipitación.
Toda la ejecución fue conducida con rigor técnico y seguimiento ambiental permanente. Los controles operativos y las medidas de mitigación han permitido que la intervención ocurra de forma responsable, demostrando que grandes obras de infraestructura pueden caminar lado a lado con la conservación ambiental cuando se planifican adecuadamente.
Sin embargo, la recuperación del Lago de Olarias no se cierra con el desasosiego. Por el contrario, esta etapa representa solo el inicio de un proceso más amplio de recalificación ambiental, diseñado para garantizar que los beneficios obtenidos se preserven a lo largo del tiempo.
La siguiente fase del proyecto incorpora soluciones basadas en la naturaleza, entre ellas la implantación de células ecológicas de control sedimentológico e islas ecológicas, estructuras que pasan a integrar ingeniería ambiental, recuperación ecológica y planificación urbana.
Las células ecológicas actuarán como mecanismos naturales de retención de sedimentos, reduciendo la velocidad de los flujos hídricos antes de que alcancen el espejo de agua y disminuyendo significativamente la ocurrencia de nuevos procesos de aspersión. Además de ampliar la eficiencia del sistema, estas estructuras aumentan la durabilidad de las intervenciones realizadas, reduciendo la necesidad de futuras obras correctivas y fortaleciendo la resiliencia ambiental del complejo.
Las islas ecológicas, a su vez, ampliarán la diversidad de hábitats existentes en el lago, favoreciendo la recomposición de la vegetación, creando áreas de refugio para la fauna y contribuyendo al equilibrio ecológico del ambiente acuático. Integradas en las acciones de recuperación de la vegetación ciliar, estas estructuras refuerzan el papel del complejo como importante corredor ecológico urbano y espacio destinado a la conservación de la biodiversidad.
Esta nueva configuración fortalece aún más el Refugio de Vida Silvestre, ampliando las condiciones para mantener la fauna y la flora locales y consolidando el Complejo Ambiental del Lago de Olarias como referencia en sostenibilidad, educación ambiental, ocio y planificación urbana resiliente.
Como desarrollo natural de todo este proceso, se destaca la creación del Área de Protección Ambiental (APA) Olarias, instrumento que consolida la protección permanente de uno de los más importantes patrimonios ambientales de Ponta Grossa. Más que una unidad de conservación, la APA representa la materialización de una visión a largo plazo, asegurando que las inversiones realizadas en la recuperación ambiental sean preservadas y oriente la ocupación sostenible del territorio.
APA Olarias integra planificación urbana, conservación de los recursos naturais, protección de los manantiales, educación ambiental, investigación científica y uso público ordenado. Al establecer directrices para el desarrollo de esta región, garantiza que el crecimiento y la preservación camine de forma armoniosa, fortaleciendo la resiliencia ambiental de la ciudad y protegiendo un patrimonio que pertenece no solo a la generación actual, sino también a las futuras.
Así, la planificación de las cuencas hidrográficas, la desasorción del Lago de Olarias, la implantación de las soluciones ecológicas y la creación de la APA dejan de ser acciones aisladas y pasan a constituir una única política pública de transformación territorial. Una política que demuestra que el desarrollo sostenible comienza con el conocimiento del territorio, la recuperación de los ecosistemas y la decisión de proteger, de forma permanente, lo que es esencial para el futuro de la ciudad.
La preservación de los recursos naturais, sin embargo, no depende solo de la protección de las aguas, de las áreas verdes y de los ecosistemas. A medida que las ciudades crecen, aumenta también la generación de residuos, haciendo indispensable la adopción de políticas públicas capaces de transformar uno de los mayores desafíos urbanos en oportunidades de desarrollo sostenible. En Ponta Grossa, esta visión consolidó una nueva forma de comprender la gestión de los residuos sólidos: más que promover la destinación ambientalmente adecuada, el Municipio pasó a ver los residuos como recursos capaces de generar inclusión social, mover la economía, reducir impactos ambientales y fomentar la innovación.
Esta transformación está fundamentada en los principios de la economía circular, modelo que rompe con la lógica tradicional del descarte e incentiva la reutilización de los materiales, prolongando su ciclo de vida y reduciendo la extracción de recursos naturais. Bajo esa perspectiva, la gestión municipal fortaleció políticas públicas dirigidas al reciclaje, a la valorización de los materiales reciclables y al aprovechamiento energético de los residuos orgánicos, consolidando un sistema más eficiente y sostenible.
En este contexto, se destaca el Recicla PG, programa que fortalece la recolección selectiva y amplía la recuperación de materiales reciclables en todo el Municipio. Más allá de una acción de limpieza urbana, el programa promueve la concienciación de la población sobre la importancia de la separación de los residuos en el origen, estimulando un cambio de comportamiento que beneficia a toda la cadena de reciclaje. Cada envase correctamente destinado representa menos residuos encaminados a la disposición final, menor consumo de materias primas y mayor eficiencia en el aprovechamiento de los recursos.
El éxito de esta política pública está directamente relacionado con el trabajo desarrollado por las asociaciones de recicladores. Reconocidos como agentes ambientales fundamentales para el funcionamiento de la economía circular, los recicladores desempeñan un papel esencial en la recuperación de miles de toneladas de materiales que regresan al ciclo productivo. Al fortalecer estas asociaciones, el Municipio no sólo amplía los índices de reciclaje, sino que también promueve la inclusión social, la generación de trabajo y los ingresos, valorizando a los profesionales que contribuyen diariamente a la preservación ambiental.
El fortalecimiento institucional de las asociaciones, aliado a la ampliación de las campañas de educación ambiental y al incentivo a la correcta separación de los residuos, demuestra que la sostenibilidad depende de la participación conjunta del poder público y de la sociedad. El reciclaje deja de ser sólo una actividad operativa y pasa a integrar una política pública que genera beneficios ambientales, económicos y sociales.
Sin embargo, el desarrollo sostenible también requiere atención a los residuos procedentes de la intensa expansión urbana. El crecimiento de la construcción civil, impulsado por la evolución económica y el aumento de la ocupación del territorio, trae consigo el desafío de la gestión adecuada de los residuos de construcción civil (RCC). Sin mecanismos de control eficientes, estos materiales pueden resultar en desechos irregulares, degradación ambiental, obstrucción de sistemas de drenaje y altos costos para el poder público.
Para enfrentar este desafío, la actual gestión fortaleció la aplicación de la legislación municipal ya existente, instituida en 2016, intensificando los mecanismos de fiscalización y control de los grandes generadores de residuos de la construcción civil. El objetivo no fue crear nuevas exigencias, sino asegurar el efectivo cumplimiento de las normas ya establecidas, promoviendo mayor responsabilidad por parte de los empresarios y de todos los involucrados en la cadena de la construcción civil.
Entre las principales medidas adoptadas se destaca la exigencia de los Informes de Generación de Residuos de la Construcción Civil (RCC), instrumento que permite seguir el origen, el volumen producido y la destinación ambientalmente adecuada de los residuos generados por las obras. Este control fortalece la trazabilidad de los materiales, aumenta la transparencia de los procesos y reduce significativamente la posibilidad de descartes clandestinos.
Paralelamente, el Municipio intensificó el registro y el control de los transportistas de residuos de la construcción civil, conocidos como cazamadores, así como de las plantas responsables del beneficiamiento y el destino final de estos materiales. Esta estructura proporciona mayor seguridad jurídica a los emprendedores, fortalece la fiscalización ambiental y garantiza que todo el flujo de los residuos pueda ser acompañado desde su generación hasta su destino final.
Estas acciones demuestran que el desarrollo urbano y la preservación ambiental no son objetivos incompatibles. Por el contrario, una ciudad que crece de forma sostenible necesita asegurarse de que su expansión se produzca de manera organizada, responsable y conforme a la legislación ambiental. El fortalecimiento de la gestión de los residuos de la construcción representa, por lo tanto, un importante instrumento de planificación urbana, contribuyendo a una ciudad más limpia, segura y preparada para el futuro.
Otro ejemplo de la integración entre innovación y sostenibilidad es la UTB – Usina Termelétrica a Biogás, emprendimiento inaugurado en 2021 que transformó Ponta Grossa en referencia en el aprovechamiento energético de los residuos orgánicos. La planta convierte residuos alimentarios en biogás y, posteriormente, en energía eléctrica utilizada para abastecer a los propios públicos municipales, demostrando que aquello que antes era tratado como desecho puede transformarse en un recurso estratégico para la Administración Pública.
Aunque la estructura ya estaba en funcionamiento, la actual gestión concentró esfuerzos en la ampliación de su utilización, fortaleciendo la red de recepción de residuos orgánicos y aumentando el volumen destinado al aprovechamiento energético. Esta estrategia amplía la eficiencia de la planta, potencia la producción de energía renovable y fortalece la política municipal de economía circular.
Uno de los principales avances ocurrió con la ampliación de la atención a los grandes generadores de residuos orgánicos, especialmente industrias alimentarias, restaurantes, hoteles, cocinas industriales y condominios enmarcados como grandes generadores. Estos emprendimientos pasaron a realizar la segregación de los residuos orgánicos alimentarios y su encaminamiento a la UTB, fortaleciendo una cadena de destino ambientalmente adecuada capaz de generar beneficios para toda la colectividad.
Esta iniciativa encuentra respaldo en la Política Nacional de Residuos Sólidos, que establece la responsabilidad de los grandes generadores por el destino ambientalmente adecuado de los residuos bajo su responsabilidad. En este contexto, Ponta Grossa ofrece una solución pública eficiente e innovadora, permitiendo que estos generadores cumplan su obligación legal por medio del encaminamiento de los residuos orgánicos segregados a la UTB, sin la necesidad de asumir costes adicionales de destino, bastando con promover la correcta separación y entrega de los materiales conforme a los criterios técnicos establecidos por el Municipio.
Al transformar una obligación legal en una política pública de beneficio colectivo, la UTB demuestra cómo la gestión ambiental puede generar resultados concretos para toda la ciudad. Cuanto mayor es el volumen de residuos correctamente encaminados a la planta, mayor es la producción de energía renovable, menor es la cantidad de residuos destinados a la disposición final y menores son las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a la descomposición de estos materiales.
Este proceso se complementa con la utilización de un camión eléctrico, incorporado desde la implantación de la planta, responsable de la recogida de residuos orgánicos, incluidos los provenientes de los Centros Municipales de Educação Infantil (CMEIs). Además de reducir las emisiones derivadas del transporte, el vehículo simboliza el compromiso del Municipio con soluciones innovadoras y de bajo impacto ambiental.
La ampliación de la recepción de residuos provenientes del sector productivo y de los condominios demuestra que la economía circular depende de la corresponsabilidad entre poder público, iniciativa privada y sociedad. Al integrar grandes generadores, logística sostenible, aprovechamiento energético y producción de energía limpia, Ponta Grossa consolida una política pública que transforma residuos en oportunidad, fortalece la sostenibilidad y prepara al Municipio para los desafíos ambientales de las próximas décadas.
Así, programas como el Recicla PG, el fortalecimiento de las asociaciones de recolectores, el perfeccionamiento de la gestión de los residuos de la construcción civil y la expansión de la UTB revelan una misma estrategia de gestión: comprender que el desarrollo sostenible no se reduce al destino correcto de los residuos, sino que implica planificación, responsabilidad compartida, innovación tecnológica y valorización de los recursos. Al adoptar esta visión integrada, Ponta Grossa demuestra que es posible crecer, generar riqueza y ampliar la calidad de vida de la población sin renunciar a la protección ambiental, consolidando la economía circular como uno de los pilares del desarrollo del Municipio.
La consolidación de una política ambiental moderna exige que la planificación del territorio se acompañe de acciones permanentes de adaptación a las transformaciones ambientales y urbanas. A medida que las ciudades crecen, aumentan también los desafíos relacionados con el cambio climático, la calidad ambiental, la ocupación del suelo y la necesidad de preservar los recursos naturais sin comprometer el desarrollo económico. En Ponta Grossa, esta realidad ha impulsado una serie de iniciativas dirigidas a construir una ciudad más resiliente, preparada para enfrentar los desafíos del presente y del futuro.
Entre estas iniciativas, la arborización urbana ocupa una posición destacada. Más allá del aspecto paisajístico, los árboles desempeñan funciones esenciales para el equilibrio ambiental de las ciudades. La ampliación de la cobertura vegetal contribuye a la reducción de las islas de calor, mejora la calidad del aire, favorece la infiltración de las aguas pluviales, reduce procesos erosivos, protege la biodiversidad urbana y proporciona mayor confort térmico y bienestar a la población.
Comprendiendo esta importancia, el Municipio fortaleció sus acciones de arbolación, promoviendo la siembra de especies adecuadas al ambiente urbano, la recuperación de áreas degradadas y la calificación de los espacios públicos. La planificación de la arbolación pasó a considerar criterios técnicos relacionados con las características de cada especie, la compatibilidad con la infraestructura urbana y la valorización de la biodiversidad local, consolidando una política pública que combina paisajismo, funcionalidad y conservación ambiental.
La búsqueda de soluciones ambientalmente más sostenibles también ha impulsado la adopción de nuevas tecnologías en el mantenimiento de los espacios públicos. Entre ellas se destaca la utilización de la capina eléctrica, método que sustituye gradualmente el uso de herbicidas químicos en el control de la vegetación en vías, aceras y demás áreas públicas.
Además de reducir significativamente el uso de productos químicos, la capina eléctrica minimiza los riesgos de contaminación del suelo, de los recursos hídricos y de la vegetación adyacente, ofreciendo mayor seguridad a los trabajadores y a la población. Esta tecnología demuestra que pequeños cambios operativos pueden producir importantes ganancias ambientales, reforzando el compromiso del Municipio con prácticas más sostenibles e innovadoras.
Al mismo tiempo que fortalece acciones orientadas al presente, Ponta Grossa también ha pasado a estructurar políticas públicas destinadas a enfrentar uno de los mayores desafíos de la actualidad: el cambio climático. El reconocimiento de que eventos extremos, cambios en el régimen de lluvias y elevación de las temperaturas impactan directamente la infraestructura urbana y la calidad de vida llevó al Municipio a iniciar la construcción de una agenda climática basada en planificación técnica y evidencias científicas.
Como etapa fundamental de este proceso, se encuentra la elaboración del Inventario Municipal de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Se trata de un instrumento técnico que permitirá identificar y cuantificar las principales fuentes emisoras existentes en el Municipio, produciendo información indispensable para la planificación de políticas públicas dirigidas a la mitigación de las emisiones y a la adaptación climática.
Mucho más que un levantamiento estadístico, el inventario representa un hito para la gestión ambiental municipal. A partir de él será posible establecer metas, definir prioridades, monitorear resultados y orientar inversiones capaces de reducir los impactos ambientales de las actividades humanas y aumentar la resiliencia de la ciudad frente a los cambios del clima.
Los datos obtenidos subsidiarán la elaboración de la futura legislación municipal de adaptación y enfrentamiento al cambio climático, iniciativa que posicionará a Ponta Grossa entre los municipios comprometidos con políticas públicas estructuradas para enfrentar uno de los mayores desafíos ambientales del siglo XXI. Esta legislación permitirá integrar acciones relacionadas con la planificación urbana, el drenaje, la arbolación, la gestión de residuos, la movilidad, la eficiencia energética y la protección de los recursos naturais, consolidando una estrategia municipal de largo plazo para el desarrollo sostenible.
La construcción de esta política climática dialoga directamente con los demás proyectos desarrollados por la Secretaría Municipal de Meio Ambiente. La planificación de las cuencas hidrográficas, la recuperación del Lago de Olarias, la creación de la APA Olarias, el fortalecimiento de la arbolación urbana, la economía circular y la producción de energía renovable por medio de la UTB dejan de ser iniciativas aisladas y pasan a integrar una misma estrategia de adaptación y resiliencia ambiental.
Otro importante avance promovido por la actual gestión se refiere a la regularización ambiental del patrimonio público municipal. Entre los proyectos de mayor relevancia se destaca el inicio de los estudios destinados a la regularización y al licenciamiento ambiental de los 20 cementerios municipales, un proceso inédito en la historia de Ponta Grossa.
Aunque los cementerios constituyan equipamientos públicos consolidados desde hace décadas y desempeñen relevante función social, nunca habían sido sometidos a un proceso integral de regularización ambiental. Reconociendo la importancia de esta adecuación, el Municipio inició levantamientos técnicos, estudios ambientales, diagnósticos y evaluaciones necesarios para atender a las exigencias de los órganos ambientales competentes.
Los trabajos contemplan aspectos relacionados con las características geológicas e hidrogeológicas de las áreas, las condiciones del suelo, la protección de las aguas subterráneas, la infraestructura existente y las medidas necesarias para asegurar que estas estructuras funcionen de conformidad con la legislación ambiental vigente. Se trata de una iniciativa que combina responsabilidad ambiental, seguridad jurídica y gestión eficiente del patrimonio público.
Al promover este proceso de regularización, la Administración Municipal enfrenta un pasivo histórico y demuestra que la sostenibilidad también pasa por el cuidado con equipamientos públicos ya existentes, incorporando criterios ambientales a la gestión de servicios esenciales prestados a la población.
La consolidación de todas estas políticas públicas sólo es posible porque la educación ambiental permanece como uno de los pilares de la actuación de la Secretaría Municipal de Meio Ambiente. Más que transmitir información, educar ambientalmente significa formar ciudadanos conscientes de su papel en la construcción de una ciudad sostenible.
A través del Centro de Educación Ambiental (CEA), de proyectos dirigidos a las escuelas, de campañas de concienciación, talleres, visitas técnicas y acciones comunitarias, el Municipio acerca a la población a las cuestiones ambientales y estimula la participación colectiva en la preservación de los recursos naturais. Cada actividad desarrollada fortalece la comprensión de que la sostenibilidad no depende exclusivamente del poder público, sino del compromiso compartido entre gobierno, sector productivo y sociedad.
Este proceso educativo también fortalece otras políticas municipales, incentivando la separación correcta de los residuos, el uso racional del agua, el respeto a las áreas protegidas, la valorización de la arbolación urbana y el cumplimiento de las normas ambientales. La educación ambiental se convierte así en un instrumento permanente de transformación social y de construcción de la ciudadanía.
Paralelamente, la concesión de licencias y la vigilancia ambiental siguen desempeñando un papel fundamental en la promoción del desarrollo sostenible. Más allá de las actividades dirigidas al control y la aplicación de la legislación, estos instrumentos pasaron a actuar de forma preventiva, orientando a los emprendedores, acompañando la implantación de nuevos proyectos y garantizando que el crecimiento económico ocurra de conformidad con los principios de la protección ambiental.
Esta actuación técnica proporciona mayor seguridad jurídica a las inversiones, reduce conflictos, fortalece el cumplimiento de la legislación y asegura que el desarrollo urbano suceda de forma organizada y responsable. La fiscalización ambiental deja de ser percibida solo como instrumento sancionador y pasa a representar un mecanismo de planificación, prevención y calificación de la gestión pública.
Al integrar arbolación, innovación tecnológica, política climática, regularización ambiental, educación y fiscalización en una misma estrategia institucional, Ponta Grossa demuestra que la sostenibilidad depende de acciones permanentes, planificadas y articuladas.
Más que responder a los desafíos actuales, el Municipio construye las bases de una ciudad resiliente, preparada para enfrentar las transformaciones ambientales de las próximas décadas y comprometida con un modelo de desarrollo que coloca la calidad de vida de la población y la protección de los recursos naturais en el centro de las decisiones públicas.
Artículo del libro "Ponta Grossa 203 años: De la ruta de los troperos a los carriles de la innovación"
https://www.youtube.com/watch?v=lhPZ4PjNQNU
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