La situación del STF solo podrá ser enfrentada con la actuación célere y eficaz del llamado "4º poder": la prensa.

No se trata de sustituir a los Poderes constituidos, sino de fortalecer un mecanismo esencial de la democracia: la sociedad informada y capaz de fiscalizar a quienes ejercen el poder.
Cuando Ejecutivo, Legislativo y Judicial poseen instrumentos institucionales de control, pero la sociedad no consigue acompañar, comprender y cuestionar sus decisiones en tiempo hábil, surge un desequilibrio.
Es en este espacio donde la prensa ejerce su función pública: investigar, informar, confrontar versiones, revelar hechos y dar visibilidad a las decisiones que afectan a la sociedad.
Pero no es suficiente velocidad. Es necesario un seguimiento permanente, independencia, responsabilidad y transparencia.
Una democracia sana no depende sólo de buenos gobernantes o buenos jueces. Depende también de una sociedad capaz de ver, comprender y reaccionar institucionalmente a los actos de quienes ejercen el poder.
La prensa libre no es oposición al Estado.
Es la vigilancia del poder.
Y quizás la pregunta más importante es:
¿Quién controla quién controla el poder?
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